sábado, 4 de junio de 2011

Elecciones y golpes de pecho


Viendo un documental acerca de la religiosidad en el Perú, me llamó la atención la fe profesada a Jesucristo, no por si misma que como creyente acepto y me reconforta, si no por la diversidad de personas de diferentes clases sociales, económicas  y raciales que compartían la misma emoción y el mismo sentimiento. Incluso turistas provenientes de diferentes latitudes del mundo se veían contagiados por tamañas manifestaciones de amor a Jesucristo y a la Virgen María, en multitudinarias procesiones tales como la semana Santa en Ayacucho y Cajamarca, la Virgen de la Candelaria en Puno, El Señor de Luren en Ica, y en especial la extraordinaria procesión del Señor de los Milagros en Lima y muchas otras a lo largo y ancho del territorio nacional.

Esto me hizo pensar en por que un pueblo que es capaz de unirse sin discriminación alguna en torno a un ser, que aunque siendo inmensamente superior y extraordinario no deja de ser intangible, no es capaz de unirse en torno a un bien común y a una realidad tangible como es el crecimiento económico y el desarrollo de país y arriesgarlo en la posibilidad de elegir mal  a un nuevo gobierno, que regirá de alguna forma  nuestros destinos los próximos cinco años, al menos.

La conclusión creo es obvia, todos vemos en Jesucristo y la Virgen María la representación de la bondad, el perdón y una innumerable cantidad de cualidades admiradas y deseadas por todos, en cambio en los candidatos, como seres humanos que son, vemos sus defectos más que sus cualidades,  aumentados por la propaganda electoral que uno hace en contra del otro y por la manipulación de la opinión pública que ejercen los medios de prensa y uno que otro personaje que estando en sus nubes se sienten superiores al resto creyéndose ellos mismos infalibles en sus decisiones, cuando la verdad es que solo los guía sus propios intereses. Todo esto ha creado y sigue creando una división entre los peruanos, generando odios y resentimientos que serán muy difíciles de aplacar y ponen al país en una riesgosa situación social.

La división de los peruanos es otro problema más que deberá resolver quien asuma la Presidencia de la República, y por eso también hay que tomar en cuenta cual de los dos candidatos está más preparado para resolverlo y no para aumentarlo.

De las dos personas en contienda creo realmente que la única con capacidad de resolver esta división del pueblo y las lamentables consecuencias que se están produciendo hasta el momento, es Keiko Fujimori por que todos sus mensajes son conciliatorios y reivindicatorios promoviendo la unión de los peruanos en la búsqueda de un bien común, contrariamente a los mensajes de Ollanta Humala que solo dejan entrever resentimiento y revanchismo que nada bueno traerán al Perú y cuyo efecto ya es notorio en el comportamiento de sus seguidores cuando todas sus expresiones son de insultos y agresiones a sus opositores por el simple hecho de pensar de forma diferente.

Keiko Fujimori tiene la capacidad para restablecer y mantener la paz social, por que esta solo se consigue reduciendo y en el mejor de los casos eliminando la pobreza, que solo es posible generando la riqueza que permita financiar programas sociales de apoyo a los más necesitados, promoviendo la inversión privada nacional y extranjera para crear más empleo y mejor pagado, mediante una política económica que continúe con el crecimiento y el desarrollo del país.

Por el contrario una política económica comunista y estatista como la que promueve Ollanta Humala solo ocasiona el crecimiento desmesurado del aparato Estatal con la burocracia  y su comprobada ineficiencia, aumentando la pobreza y con ella los conflictos sociales provocando el caos y el desgobierno que finalmente anula por completo el crecimiento y el desarrollo de la nación, por lo que retornarían las constantes quiebras de empresas, un enorme desempleo, y nuevamente una incontrolable inflación, empujando al gobierno, como única defensa a terminar con la democracia, perpetuándose en el poder.

La democracia es la participación de todos los ciudadanos en las decisiones del Estado, que por cierto solo es posible manifestar en procesos electorales o referéndums, limitándonos luego a aceptar o soportar las decisiones que tomen los elegidos por las mayorías.

Siendo el sufragio la única participación que tenemos los ciudadanos en la “democracia” hay que ejercerlo consiente y prudentemente sin dejarse llevar por resentimientos o frustraciones, pensando en lo que realmente será bueno para toda la nación.

Estamos enrumbados por el camino económico correcto para terminar con la pobreza. Pensemos que llevamos casi 20 años de estabilidad y varios de crecimiento que no podemos echar por la borda por entrar en un nuevo experimento comunista que no será otra cosa que más de lo mismo, como lo están sufriendo otros países que han sido sumidos en la debacle económica aumentando su pobreza y su corrupción por esa ideología política.

En todas las manifestaciones religiosas de diferentes iglesias abundan los feligreses que se dan golpes de pecho pidiendo perdón por los pecados que cada uno pueda haber cometido, pero muchos de los que piden piedad al Todo Poderoso, son incapaces de perdonar los pecados del prójimo y llegan al ridículo extremo de atribuir en extensión esos “pecados” a sus inocentes descendientes, tal cual está ocurriendo en esta campaña electoral, quedando cegados por prejuicios propios o ajenos que los lleva a votar equivocadamente.

Hay que ser consecuente con uno mismo, con la familia y más con la nación, procurando el bienestar mutuo sin arriesgarlo ante propuestas tan tentadoras como falsas.
En esta segunda vuelta no solo elegiremos al Presidente de la República, elegiremos lo que es más importante, elegiremos un sistema político económico al margen de las simpatías o antipatías que como personas nos generen los candidatos en disputa.

Si elegimos mal lo lamentaremos no solo por cinco años si no por muchísimos más. Y ya no habrá lugar para golpes de pecho.


Pablo Bakovic Baixarias

04, Junio, 2011