viernes, 27 de abril de 2012

“El día que me convertí en abuelo”


El día que me convertí en abuelo no es lejano, no es un recuerdo del pasado, sucedió recientemente, tan solo pocos días atrás.

Es una experiencia que muchos cometemos el error, antes de que ocurra, de asociarla con la incontrolable realidad de hacernos viejos, pero lo cierto es que una cosa no tiene que ver con la otra por que el nacimiento de mi primer nieto lejos de hacerme sentir viejo me rejuveneció por completo, regresándome al pasado permitiendo que reviviera la felicidad que sentí al nacer primero mi querida hija y dos años después mi querido hijo.

Fueron cada uno en su momento  motivo de una inmensa felicidad al ver en ellos la continuación de mi vida, de mí ser, la sucesión de mis genes  a través del tiempo en nuevas generaciones. Era el inicio de mi más sublime vanidad…mi propia sucesión, ahora prolongada por el nacimiento de mi primer nieto, un chiquitín con una nata sonrisa y enormes ojos de indefinido color aún, que  cautiva mi corazón por completo acelerando sus latidos cada vez que lo tengo en mis brazos, provocando que mis glándulas salivales trabajen tiempo extra aumentando su producción.

Aquel ya, inolvidable día de su advenimiento fue probablemente el día más tenso que he vivido a pesar de haber tenido antes muchas situaciones tensas por labores que realicé en el pasado.

En esta oportunidad no se trataba de mi o del riesgo y  la responsabilidad que asumía por mi  vida o la de un desconocido, se trataba de mi hija, de la niña de mis ojos, de mi niña bonita, convertida en mujer a sus veinticuatro añitos aunque me costara aceptarlo, sufriendo dolores de parto que yo hacía propios silenciosamente con la misma intensidad, pero haciendo hasta lo imposible por ocultar las reacciones que mis destemplados nervios para que ella sintiera que para su papá todo estaba en calma, cuando en verdad no era así.

El temor, la angustia y un sin numero de sentimientos provocaban el desequilibrio emocional que estaba padeciendo y luchando infructuosamente por equilibrar, aunque sabía que eso solo sería posible cuando todo el proceso terminara con el exitoso nacimiento de mi nieto y el consecuente bienestar de la salud de él y de mi hija.

Después de interminables horas llegó por fin la tan deseada, ella fue pasada a la sala de partos y yo como un errante orate subía y bajaba por los pasillos y escaleras de la clínica buscando el lugar indicado para estar al tanto de los sucesos. No encontraba ningún sillón que acomodara mi inquieta humanidad y no me quedó otra que desgastar las suelas de mis zapatos caminando de un lado a otro  del corredor por donde saldría el querido vástago, esperando el gran momento que me convertiría en abuelo primerizo.

De pronto la puerta fue abierta por una enfermera que empujaba una cuna de vidrio portando una criatura recién nacida. Había pasado poco tiempo desde que mi hija había ingresado y me dije, este no puede ser, es muy rápido, simultáneamente la tía y madrina de mi hija que también estaba ahí junto con otros miembros de la familia, preguntó quien era ese niño a lo que la enfermera respondió es Za…ZA… Za…y no terminaba de leer lo que decía la trajeta… Carajo!!!! ¿ Zarek!!!!??? .dije yo en un arranque de desesperada curiosidad…si Zarek respondió… no lo podía creer, al fin tenía ante mí al chiquitín que antes de nacer había logrado destemplar mis nervios y que mis canas crecieran como nunca antes. Me acerqué a él y vi su pequeño e inocente rostro abriendo sus ojitos, que riendo parecía decirme, ya quédate tranquilo abuelo que aquí estoy. Que felicidad!!!!

Luego de acompañarlo por los breves momentos de su paso a la sala de bebés fui en búsqueda de mi hija pues todavía me faltaba la tranquilidad de saber como se encontraba.

Continué mi errante transitar por pasillos y habitaciones en la búsqueda de la respuesta que deseaba hasta que encontré al doctor que salía recién de la sala de parto, lo atiborré de preguntas hasta que mis oídos escucharon lo que deseaba escuchar…”el parto fue natural y sin mayores complicaciones Danika y Zarek están perfectamente”…ufffff..el alma me regresó al cuerpo después de haber estado en el limbo demasiado tiempo, mi corazón desaceleraba su impetuoso latir, mis nervios volvieron a su habitual estado y mi respiración regresó a su frecuencia acostumbrada…todo estaba bien!!!!

Pasó un rato y entré a ver a la niña de mis ojos y le dije…” ya ves hijita, no te decía yo que esto es muy natural y que no había de que preocuparse…solo había que mantener la calma…¿verdad?”…jajajaja…que sinvergüenza me sentí.

Transcurrieron dos horas aproximadamente hasta que la llevaron al cuarto y un par más hasta que  llevaron al “gran Zarek” para el encuentro con su madre, en el que quedé relegado como un atento espectador viendo a mi hijita con su bebé en brazos, sosteniéndolo contra su pecho, mirándolo con ternura indescriptible, con sus ojos brillando como las estrellas de una noche de verano a la vez que dibujaba en su dulce rostro la sonrisa más bella.

Un instante de extraordinaria y espontánea manifestación de amor de una madre por su hijo, alimentándolo con ese amor con la misma intensidad que lo había hecho por medio del cordón umbilical por ocho meses y una semana y que perdurará por toda la vida.

Que día!!!, plagado de sentimientos encontrados, emociones indescriptibles y esperas desesperantes, pero finalmente un día para agradecer a Dios y la Virgen por atender mis oraciones y permitir que ni nieto llegara a nosotros sanito y mi hijita viviera la maravillosa etapa de su vida de ser madre, sin contrariedades ni mayores complicaciones, gozando de buena salud y principalmente con una evidente enorme felicidad.

Ese día me convencí de que  "Los nietos son el mejor regalo que los hijos dan a sus padres, por que alegran nuestras vidas, renuevan nuestros sentimientos más profundos y alimentan nuestro ego al prolongar lo más importante...la familia!!!"

Por todo lo que sentí, padecí, gocé y por la infinita felicidad que me provocó, siempre recordaré con gran emoción… “el día que me convertí en abuelo”


Pablo Bakovic Baixarias.

25, Abril, 2012