El día que me convertí en
abuelo no es lejano, no es un recuerdo del pasado, sucedió recientemente, tan
solo pocos días atrás.
Es una experiencia que
muchos cometemos el error, antes de que ocurra, de asociarla con la incontrolable
realidad de hacernos viejos, pero lo cierto es que una cosa no tiene que ver
con la otra por que el nacimiento de mi primer nieto lejos de hacerme sentir
viejo me rejuveneció por completo, regresándome al pasado permitiendo que
reviviera la felicidad que sentí al nacer primero mi querida hija y dos años
después mi querido hijo.
Fueron cada uno en su
momento motivo de una inmensa felicidad al
ver en ellos la continuación de mi vida, de mí ser, la sucesión de mis
genes a través del tiempo en nuevas generaciones.
Era el inicio de mi más sublime vanidad…mi propia sucesión, ahora prolongada
por el nacimiento de mi primer nieto, un chiquitín con una nata sonrisa y
enormes ojos de indefinido color aún, que cautiva mi corazón por completo acelerando sus
latidos cada vez que lo tengo en mis brazos, provocando que mis glándulas
salivales trabajen tiempo extra aumentando su producción.
Aquel ya, inolvidable día
de su advenimiento fue probablemente el día más tenso que he vivido a pesar de
haber tenido antes muchas situaciones tensas por labores que realicé en el
pasado.
En esta oportunidad no se
trataba de mi o del riesgo y la
responsabilidad que asumía por mi vida o
la de un desconocido, se trataba de mi hija, de la niña de mis ojos, de mi niña
bonita, convertida en mujer a sus veinticuatro añitos aunque me costara
aceptarlo, sufriendo dolores de parto que yo hacía propios silenciosamente con
la misma intensidad, pero haciendo hasta lo imposible por ocultar las
reacciones que mis destemplados nervios para que ella sintiera que para su papá
todo estaba en calma, cuando en verdad no era así.
El temor, la angustia y un
sin numero de sentimientos provocaban el desequilibrio emocional que estaba
padeciendo y luchando infructuosamente por equilibrar, aunque sabía que eso solo
sería posible cuando todo el proceso terminara con el exitoso nacimiento de mi
nieto y el consecuente bienestar de la salud de él y de mi hija.
Después de interminables
horas llegó por fin la tan deseada, ella fue pasada a la sala de partos y yo
como un errante orate subía y bajaba por los pasillos y escaleras de la clínica
buscando el lugar indicado para estar al tanto de los sucesos. No encontraba
ningún sillón que acomodara mi inquieta humanidad y no me quedó otra que
desgastar las suelas de mis zapatos caminando de un lado a otro del corredor por donde saldría el querido
vástago, esperando el gran momento que me convertiría en abuelo primerizo.
De pronto la puerta fue
abierta por una enfermera que empujaba una cuna de vidrio portando una criatura
recién nacida. Había pasado poco tiempo desde que mi hija había ingresado y me
dije, este no puede ser, es muy rápido, simultáneamente la tía y madrina de mi
hija que también estaba ahí junto con otros miembros de la familia, preguntó quien
era ese niño a lo que la enfermera respondió es Za…ZA… Za…y no terminaba de leer
lo que decía la trajeta… Carajo!!!! ¿ Zarek!!!!??? .dije yo en un arranque de
desesperada curiosidad…si Zarek respondió… no lo podía creer, al fin tenía ante
mí al chiquitín que antes de nacer había logrado destemplar mis nervios y que
mis canas crecieran como nunca antes. Me acerqué a él y vi su pequeño e
inocente rostro abriendo sus ojitos, que riendo parecía decirme, ya quédate
tranquilo abuelo que aquí estoy. Que felicidad!!!!
Luego de acompañarlo por
los breves momentos de su paso a la sala de bebés fui en búsqueda de mi hija
pues todavía me faltaba la tranquilidad de saber como se encontraba.
Continué mi errante
transitar por pasillos y habitaciones en la búsqueda de la respuesta que
deseaba hasta que encontré al doctor que salía recién de la sala de parto, lo
atiborré de preguntas hasta que mis oídos escucharon lo que deseaba
escuchar…”el parto fue natural y sin mayores complicaciones Danika y Zarek
están perfectamente”…ufffff..el alma me regresó al cuerpo después de haber
estado en el limbo demasiado tiempo, mi corazón desaceleraba su impetuoso
latir, mis nervios volvieron a su habitual estado y mi respiración regresó a su
frecuencia acostumbrada…todo estaba bien!!!!
Pasó un rato y entré a ver
a la niña de mis ojos y le dije…” ya ves hijita, no te decía yo que esto es muy
natural y que no había de que preocuparse…solo había que mantener la
calma…¿verdad?”…jajajaja…que sinvergüenza me sentí.
Transcurrieron dos horas
aproximadamente hasta que la llevaron al cuarto y un par más hasta que llevaron al “gran Zarek” para el encuentro
con su madre, en el que quedé relegado como un atento espectador viendo a mi
hijita con su bebé en brazos, sosteniéndolo contra su pecho, mirándolo con
ternura indescriptible, con sus ojos brillando como las estrellas de una noche
de verano a la vez que dibujaba en su dulce rostro la sonrisa más bella.
Un instante de
extraordinaria y espontánea manifestación de amor de una madre por su hijo,
alimentándolo con ese amor con la misma intensidad que lo había hecho por medio
del cordón umbilical por ocho meses y una semana y que perdurará por toda la
vida.
Que día!!!, plagado de
sentimientos encontrados, emociones indescriptibles y esperas desesperantes,
pero finalmente un día para agradecer a Dios y la Virgen por atender mis
oraciones y permitir que ni nieto llegara a nosotros sanito y mi hijita viviera
la maravillosa etapa de su vida de ser madre, sin contrariedades ni mayores complicaciones, gozando de buena salud y
principalmente con una evidente enorme felicidad.
Ese
día me convencí de que "Los nietos
son el mejor regalo que los hijos dan a sus padres, por que alegran nuestras
vidas, renuevan nuestros sentimientos más profundos y alimentan nuestro ego al
prolongar lo más importante...la familia!!!"
Por
todo lo que sentí, padecí, gocé y por la infinita felicidad que me provocó,
siempre recordaré con gran emoción… “el día que me convertí en
abuelo”
Pablo Bakovic Baixarias.
25, Abril, 2012
No hay comentarios:
Publicar un comentario