domingo, 31 de julio de 2011

Tributo a “una persona maravillosa”


En nuestras vidas hay un personaje muy especial al que cotidianamente no le expresamos debidamente lo mucho que significa para nosotros.

Muchas veces lo o la dejamos olvidado o olvidada espontánea e inconscientemente en medio de las ocupaciones diarias, de nuestras mal llamadas prioridades.

Se trata de una persona, un ser humano que puede ser hombre o mujer que debiendo tener una vida propia la dejó de lado para entregarla a nosotros llevados inicialmente por las circunstancias que les tocó vivir y que en el transcurso del tiempo nos dieron lo mejor de su existencia, su juventud y sus fuerzas, con una incondicional fidelidad que se convirtió con el paso del tiempo en un verdadero amor, con toda la sinceridad que ello implica al estar a nuestro lado con una parcialidad inexplicable, pero tan cierta como sus sentimientos mismos.

Un ser humano noble e impredecible que no deja de asombrarnos, pues siendo de origen lejano al nuestro su cercanía diaria es conmovedora al hacer notar su presencia en cada uno de sus actos, con los que se convirtió en un padre o una madre, en un hermano o una hermana, en un amigo o una amiga, o quizás en todos ellos juntos en una sola persona, al cual acudimos en determinados momentos en busca de refugio para nuestras frustraciones, sabiendo que en el o ella encontraremos la respuesta o el cobijo que buscamos sin reproches ni incomodas advertencias.

Personas maravillosas para nosotros, por su comportamiento mismo, pero que rara vez reconocemos por que equivocadamente pensamos que es una situación normal, cuando en verdad no lo es, por que ninguno de nosotros o quizás muy pocos  seríamos capaces de dejar de lado a nuestras familias y amigos para entregar nuestras vidas a personas desconocidas y mucho menos llegarlas a querer como si fueran propias de nuestra sangre.

Ellos tienen una ocupación diaria muy agotadora y silenciosamente sacrificada de la cual nunca muestran queja alguna a pesar de estar sujetas al capricho irracional de una “clase social” diferente, que en demasiados casos nos creemos con derechos que van más allá de lo que se podría considerar una relación laboral.

Quiero rendir con esto un modesto pero muy sincero tributo a todos y a todas los  llamados empleados o empleadas del hogar pues particularmente los considero “familiares mutuamente adoptados” que me dieron su amor y a los cuales les entregué el mío.

Gracias de todo corazón a todos aquellos “familiares adoptados” que me cobijaron y acompañaron a lo largo de mi vida sin condiciones con su cariño y su paciencia, como Dora, Isidora, Benigna, Bertha y muy especialmente a mi “hermana” María que nos ha acompañado a mi Papá, a mi Mamá a mis hermanos y a mí por más de 45 años de su maravillosa existencia.

Pablo Bakovic Baixarias

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