No confunda los sentimientos personales que motivan las actitudes de Ollanta
Humala y la de algunos de sus seguidores, con los del pueblo peruano.
Usted ha sido reconocido como presidente constitucional de Venezuela únicamente por
el y parte de los integrantes del gobierno que preside, pero no por el pueblo
del Perú, representado por derecho propio por la totalidad de los peruanos.
Aquí, y es bueno que usted lo sepa, no existe la “mitad mayoritaria”, como la
que dice que lo eligió en su país, aquí existe por merito de la democracia la
mayoría y la minoría a secas, integradas respectiva y circunstancialmente por
quienes estamos a favor o en contra de algo o alguien, siendo la voz y el voto
de la mayoría la que prevalece con el debido respeto a la minoría a la que
afortunadamente no se masacra ni encarcela cuando discrepamos con el gobierno
de turno, por lo menos hasta ahora, y espero que continuemos así a través del
actual gobierno y los sucesivos.
Bajo este respetable concepto de libre manifestación de ideas y pensamientos
estoy en la seguridad que la mayoría ciudadana del Perú, igual que la de
Venezuela, no reconocemos la condición que de facto asumió usted con la
complicidad de su consejo nacional electoral, los altos mandos de sus fuerzas
armadas y de las instituciones de su Estado, nombradas por su antecesor y
mentor; aunque eso le importe poco o nada, considerándolo el principal
responsable por los trágicos y lamentables sucesos acontecidos en su país
recientemente y que cargará por el resto de su vida, con la vergüenza de haber
usurpado el poder de forma delincuencial, convirtiéndose a si mismo en un
“presidente” ilegitimo y sin calidad moral para asumir las funciones
correspondientes.
Menuda herencia recibirán sus hijos y familiares al quedar marcado en la
historia como un paria político, con un apellido manchado de sangre venezolana
por su fanatismo ideológico importado de tierras extranjeras a las que la suya
no debe nada.
Quizás, tan solo quizás, aún esté a tiempo de corregir el grave error que ha
cometido, pero ya no haciendo un recuento de votos por que son demasiados los
que han destruido descaradamente tratando de desaparecer pruebas de tan burdo
fraude electoral.
La única salida posible y que no tengo casi ninguna esperanza que la lleve a
cabo, es que dimita por voluntad propia, antes que sea demasiado tarde para
usted, del cargo asumido tan burdamente y se mantenga por un limitado tiempo
como presidente encargado del gobierno de su nación, aunque también fue un nombramiento
inconstitucional, de los males el menos, suficiente para ordenar que se realice
una revisión del sistema electrónico electoral, luego del cual, con hidalguía
desconocida en usted hasta el momento, declare que hubo un “lamentable error”
que provocó un equivocado resultado en el conteo al no haber totalizado por
completo los votos emitidos y entregue el mando de su nación por medio del
mecanismo constitucional pertinente al legítimo vencedor elegido por la mayoría
ciudadana de su pueblo o convoque a nuevas elecciones absteniéndose de
candidatear, complementando este “magnánimo” acto con su auto exilio a Cuba
donde podrá convivir con la ideología de sus amores, aunque sin las ingentes
cantidades de petrodólares venezolanos difícilmente los “monárquicos” hermanos
Castro tengan interés de asilarlo; pero no pierda las esperanzas por que tal
vez se apiaden de usted por ser uno de sus más fieles súbditos, aunque la
piedad nunca ha sido cualidad de ese par de “individuos”.
Deje de pensar en usted y en sus cómplices, bañándose por un momento del
patriotismo que dice sentir y haga de una buena vez lo correcto por el
bienestar de la gente de su pueblo, todos los cuales comparten su misma sangre
venezolana, evitando así que esta continué corriendo como un reguero de dolor y
tragedia.
Por una Venezuela Libre y con respeto irrestricto a la voluntad democrática de
su pueblo.
Pablo Bakovic Baixarias
18, Abril, 2013
18, Abril, 2013
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