martes, 23 de abril de 2013

“Señor” Nicolás Maduro


No confunda los sentimientos personales que motivan las actitudes de Ollanta Humala y la de algunos de sus seguidores, con los del pueblo peruano. 
Usted ha sido reconocido como presidente constitucional de Venezuela únicamente por el y parte de los integrantes del gobierno que preside, pero no por el pueblo del Perú, representado por derecho propio por la totalidad de los peruanos.


Aquí, y es bueno que usted lo sepa, no existe la “mitad mayoritaria”, como la que dice que lo eligió en su país, aquí existe por merito de la democracia la mayoría y la minoría a secas, integradas respectiva y circunstancialmente por quienes estamos a favor o en contra de algo o alguien, siendo la voz y el voto de la mayoría la que prevalece con el debido respeto a la minoría a la que afortunadamente no se masacra ni encarcela cuando discrepamos con el gobierno de turno, por lo menos hasta ahora, y espero que continuemos así a través del actual gobierno y los sucesivos. 

Bajo este respetable concepto de libre manifestación de ideas y pensamientos estoy en la seguridad que la mayoría ciudadana del Perú, igual que la de Venezuela, no reconocemos la condición que de facto asumió usted con la complicidad de su consejo nacional electoral, los altos mandos de sus fuerzas armadas y de las instituciones de su Estado, nombradas por su antecesor y mentor; aunque eso le importe poco o nada, considerándolo el principal responsable por los trágicos y lamentables sucesos acontecidos en su país recientemente y que cargará por el resto de su vida, con la vergüenza de haber usurpado el poder de forma delincuencial, convirtiéndose a si mismo en un “presidente” ilegitimo y sin calidad moral para asumir las funciones correspondientes.

Menuda herencia recibirán sus hijos y familiares al quedar marcado en la historia como un paria político, con un apellido manchado de sangre venezolana por su fanatismo ideológico importado de tierras extranjeras a las que la suya no debe nada. 

Quizás, tan solo quizás, aún esté a tiempo de corregir el grave error que ha cometido, pero ya no haciendo un recuento de votos por que son demasiados los que han destruido descaradamente tratando de desaparecer pruebas de tan burdo fraude electoral. 

La única salida posible y que no tengo casi ninguna esperanza que la lleve a cabo, es que dimita por voluntad propia, antes que sea demasiado tarde para usted, del cargo asumido tan burdamente y se mantenga por un limitado tiempo como presidente encargado del gobierno de su nación, aunque también fue un nombramiento inconstitucional, de los males el menos, suficiente para ordenar que se realice una revisión del sistema electrónico electoral, luego del cual, con hidalguía desconocida en usted hasta el momento, declare que hubo un “lamentable error” que provocó un equivocado resultado en el conteo al no haber totalizado por completo los votos emitidos y entregue el mando de su nación por medio del mecanismo constitucional pertinente al legítimo vencedor elegido por la mayoría ciudadana de su pueblo o convoque a nuevas elecciones absteniéndose de candidatear, complementando este “magnánimo” acto con su auto exilio a Cuba donde podrá convivir con la ideología de sus amores, aunque sin las ingentes cantidades de petrodólares venezolanos difícilmente los “monárquicos” hermanos Castro tengan interés de asilarlo; pero no pierda las esperanzas por que tal vez se apiaden de usted por ser uno de sus más fieles súbditos, aunque la piedad nunca ha sido cualidad de ese par de “individuos”.

Deje de pensar en usted y en sus cómplices, bañándose por un momento del patriotismo que dice sentir y haga de una buena vez lo correcto por el bienestar de la gente de su pueblo, todos los cuales comparten su misma sangre venezolana, evitando así que esta continué corriendo como un reguero de dolor y tragedia.

Por una Venezuela Libre y con respeto irrestricto a la voluntad democrática de su pueblo.

Pablo Bakovic Baixarias

18, Abril, 2013


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