Hoy es
viernes santo y no tengo nada que celebrar, pero si mucho que meditar y al
hacerlo me doy cuenta que pertenezco a una raza “humana” intolerante, incrédula
y abusiva, capaz de flagelar, torturar y asesinar a otro ser, por el
simple hecho de tener formas diferentes de pensar y actuar.
Hace más de
dos mil años se cometió el crimen más execrable que la “humanidad” haya
cometido contra un congénere, la crucifixión de Cristo.
Ya sea que
creamos o no que Jesucristo era el hijo de Dios hecho hombre, cierto es que en
la historia está escrito que existió y que no cometió delito alguno.
Tuvo una
vida intachable, austera y sacrificada en beneficio de su prójimo, a quién
prodigó un amor ilimitado, cuidando y sanando a quienes por su camino iba
encontrando, procurando que obtuvieran la
Fe con la que pudieran lograr tener la felicidad que todos
anhelamos.
Sin embargo
en aquellos tiempos mal interpretaron su objetivo y lo ajusticiaron de la forma
más despiadada que en esa época existía.
A lo largo
de mi vida me pregunté ¿por qué tuvo que ser así? ¿por qué este “Ser”
tenía que padecer semejante sufrimiento? Y solo encontré una respuesta…
que fue para dejarnos un ejemplo latente a través del tiempo, de lo injusto que
podemos ser los “humanos” al sentenciar y condenar a nuestro prójimo por
hacer, ser, o creer diferente a nosotros y sobre todo a quienes nos
juzgan, con la esperanza de que llegue el tiempo en que no cometamos el mismo
terrible error y valoremos la vida de nuestro semejante como si fuera la
nuestra.
¡Que Dios
nos ayude a lograrlo!
Pablo
Bakovic Baixarias
29 de Marzo
de 2013
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