Varios
políticos subalternos sin personalidad propia dicen que sería una vergüenza que
el congreso le negara el permiso de viaje al presidente cuantas veces lo
solicite, queriendo disculpar así las influencias en sus decisiones por parte
de quienes les facilitaron acceder a la vida política y que por lo visto
tuvieron éxito al conseguir que se autorizara el reciente viaje a Venezuela.
No señores, no es una vergüenza negarle el permiso de viaje al Presidente. Es
una medida de equilibrio de poderes contemplada en la constitución actual y en
todas las que le precedieron para que el Presidente no haga lo que le de la
gana por interés personal, partidario, capricho o compadrazgo, perjudicando la
imagen internacional del Perú al cual representa, como acaba de ocurrir con su
lamentable presencia en la dolosa juramentación de Nicolás Maduro como
presidente (de facto) de la hermana República Bolivariana de Venezuela,
avalando con ello su dolosa y cruenta usurpación del poder. Eso si es una vergüenza
nacional.
El señor Ollanta Humala no es un rey medieval y mucho menos el dueño del país
para hacer lo que le plazca, sin tomar en cuenta el clamor de las mayorías de
los ciudadanos de nuestra nación. Es el presidente del Perú, que goza hasta el
momento de un autentico sistema democrático que está obligado a respetar y
hacer respetar y no manejarlo a su antojo con la complicidad de sus allegados y
de sus socios políticos para ejecutar los actos ideológicos de su preferencia
personal, para los cuales no fue elegido, según las condiciones por las que
resultó electo y que todos conocemos.
Los representantes de cada Poder del Estado deben cumplir con sus deberes en su
debida proporción, para evitar que caigamos en la triste realidad que
actualmente viven los pueblos de países como Venezuela, Cuba y otros con el
mismo estilo de gobierno.
Pablo Bakovic Baixarias
20, Abril,
2013
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