Según mi particular concepto:
Nuevamente veremos candidatos populacheros que en cada campaña electoral andan regalando obsequios baratos y repartiendo besos no sentidos a diestra y siniestra, abrazando niños que jamás volverán a tener entre sus brazos y sobando las cabecitas de los olvidados ancianos que sobreviven con una pensión absurda y denigrante, a los que les ofrecerán la solución que nunca han tenido.
Candidatos que con falsas sonrisas, frívolas caricias, almorzando en mercados a los que nunca habían asistido, ni regresaran, tratando de conquistar la simpatía de la gran masa electoral conformada por los más pobres del país con el único interés de obtener el favor de sus votos para acceder al poder, donde no se acordarán de quienes los eligieron, ni por que, ni para que los eligieron.
Una vez más escucharemos ofertas de todo tipo, de mejoras salariales, cientos de miles de puestos de trabajos con la tan ansiada estabilidad laboral, obras civiles descomunales para modernizar el país, súper carreteras, hidroeléctricas, recuperación de tierras, canales de regadío, títulos gratuitos para las propiedades de dudosa adquisición, miles de viviendas, educación gratuita del más alto nivel, sistemas de salud modernos y eficientes donde enfermarse será un placer por lo bien que uno será atendido, un crecimiento económico descomunal del país del cual por fin todos los peruanos podremos gozar; terminar y castigar severamente la corrupción, y así una interminable lista de fantásticas propuestas electorales, una mejor que otra; pero difícilmente escucharemos de la mayoría de los candidatos las mágicas formulas con las que harán realidad todos y cada uno de sus fabulosos ofrecimientos,.
No faltarán, por supuesto, los insultos de todo calibre y acusaciones de unos candidatos a otros; sacarán a la luz hechos nunca antes denunciados, como escándalos familiares, propiedades ocultas, signos exteriores de riqueza, marihuana fumada hace decenas de años, amantes, desviaciones sexuales, actividades profesionales indebidas y todo tipo de artimaña electoral sin pruebas que las sustenten y seguramente con la intervención de una que otra persona en situación privilegiada, que mediando su propio interés, hará uso de cualquier recurso para perjudicar a alguien en beneficio de alguien.
También escucharemos, una vez más, como desprestigian a los ricos, únicamente por ser ricos, para ganar la simpatía de la inmensa mayoría pobre y lo único que se logra finalmente con esto es crear un indebido rencor social con la consecuente división de los peruanos. Ser rico no es un pecado como mucha gente interesada quiere hacer creer, siempre que la riqueza sea producto del trabajo honesto y sin perjuicio de nadie, como bien se dice “A quien Dios se lo dio San Pedro se lo bendiga”, a mí me gustaría ser rico como estoy seguro que también a la inmensa mayoría de personas, en especial los que sufren más crudamente la pobreza, así que no aceptemos que distorsionen la realidad para captar votos.
En fin, ya sabemos todos como será la campaña electoral y ojala me equivoque pero sinceramente no creo.
Hagamos una reflexión para procurar hacer la diferencia y no entrar nuevamente en una disputa entre peruanos por ideologías políticas mal entendidas por la manipulación artera y convenida de los interesados.
No debemos “cerrarnos fanáticamente” a favor de alguna ideología política pues todas tienen algo bueno y algo malo. Ninguna ideología política, partido o persona, es dueño de la razón absoluta e infalible; por lo tanto difícilmente encontraremos al candidato ideal, que cumpla con todas y cada una de nuestras expectativas, así que hay que usar la balanza, poniendo a un lado lo bueno y al otro lado lo malo de cada uno y ver para que lado se inclina en cada caso, para decidir a quien elegimos.
No podemos permitir, que accedan a la Presidencia y al Congreso de la República personas de escasa o nula cultura, capacidad y honorabilidad. Tengamos en cuenta que no es la política, como actividad, la sucia, si no que son los sucios y corruptos los que aprovechando la oportunidad, motivados por sus viles intereses, los que entran a la política para llenar sus arcas de dinero del Estado, consecuentemente de nuestro dinero; por eso debemos identificarlos prestando atención a las propuestas de los candidatos desconfiando de aquellos cuya arma de campaña electoral es tan solo el insulto y la agresión a sus contendores políticos, careciendo por completo de propuestas serias y viables con las que pudieran llevar al país al desarrollo y al bienestar que los peruanos deseamos.
Si se insiste en elegir a personas que gozan de popularidad por una u otra razón totalmente ajenas a la función, que como Presidente del país o Congresista deberían cumplir, sin considerar la cultura, capacidad y honorabilidad que pudieran tener para ser el primer ciudadano del Estado y/o para tener un profesional conocimiento para crear, analizar y dictar leyes así como para fiscalizar, entonces no podemos esperar más que un circo, para reír o peor aún, para llorar por sus lamentables espectáculos y/o asumir el hecho innegable de que si se presentan actos de corrupción o de incapacidad seríamos anónimos cómplices por haberles dado nuestro voto y así la oportunidad de acceder a dichos cargos públicos.
No demos nuestro voto a favor de alguien por el mero hecho de negárselo a otro, no nos dejemos llevar por encuestas o por opiniones de periodistas, políticos, amigos o familiares; elijamos a personas de probada solvencia moral y profesional por nuestra propia convicción, sean de derecha, de centro o de izquierda, pero estemos lo más seguros posibles de que representan nuestros intereses como peruanos, y que son las personas idóneas para manejar nuestro país de forma exitosa, como quisiéramos manejarlo nosotros mismos.
Debemos tener presente que las personas que elijamos estarán en una posición política que los ubicará técnicamente por encima de nosotros los ciudadanos, por los próximos cinco años y si nos equivocamos poco o nada podremos hacer por deshacernos de ellos antes de ese periodo de tiempo, que son cinco años de nuestras vidas, lo que en buena cuenta significará cinco años de paz, progreso y bienestar o cinco años perdidos en el atraso, el empobrecimiento, el desorden y el caos.
El voto no es solo una marca en un papel, el voto representa lo que queremos para nuestro país, para nuestra familia y para nosotros mismos.
Pablo Bakovic Baixarias
Lima, 02 de Diciembre, 2010
No hay comentarios:
Publicar un comentario